Siguiendo Los Rastros del Puma en Parque Patagonia Argentina
En un ambiente amplio y árido, el gran felino de la Patagonia se desplaza con sigilo: su agilidad para moverse silenciosamente y camuflarse entre matas, grietas y "badlands" crea una experiencia que despierta las emociones y los sentidos.

La búsqueda de pumas en Parque Patagonia Argentina requiere de algo primordial: caminar, con una mirada abierta a encontrar signos de su presencia.
A medida que nos vamos adentrando en el paisaje, aparecen las primeras huellas sobre el suelo seco y, con ellas, la primera reflexión: el puma y nosotros cohabitamos la misma tierra.



Nuestra huella se pone a la par y juntas nos marcan una dirección, que decidimos seguir porque queremos vivir esa cercanía con el felino. Interpretamos la huella, que es redondeada, con cuatro dedos separados y sin la marca de sus uñas, porque aprendimos que los pumas no marcan las uñas cuando caminan. Analizamos su tamaño: es un individuo adulto, probablemente solitario porque es el único rastro presente. Quizás esté buscando a una hembra, para dejar descendencia, o acercarse a un guanaco para alimentarse.

Estamos atentos a la presencia del puma: entramos en su territorio. Nuestros sentidos están alerta ante cualquier movimiento. Aún no sabemos dónde está y puede aparecer sorpresivamente desde atrás de un calafate, o una gran roca de las que van salpicando la estepa. Seguimos avanzando, ahora de manera intuitiva porque ya no vemos huellas, siempre en grupo y con sigilo para que él no se sienta amenazado. Nuestra visión y oído se agudizan, se enfocan en los colores, los movimientos y en los sonidos de la estepa. Las ansias de ese encuentro aumentan con la puesta del sol en la estepa: en “la hora del puma” aumentan las probabilidades de avistamiento.


El puma seguramente ya nos ve; nosotros seguimos atentos. Somos más receptivos en este momento, a nuestro entorno, al presente y sin envolvernos en problemas externos. Aprendemos saliendo en busca del puma, entendemos sus horarios, vemos su dieta y conocemos sus movimientos.

El encuentro con lo salvaje puede ser fugaz y al mismo tiempo quedar para siempre grabado en nuestra memoria y es eso lo que hace que esta experiencia sea única: es ese instante, esos minutos que tuvimos un contacto visual, los que nos transforman para siempre.

El puma nos ha esquivado. Reconocido por su capacidad para moverse sin ser detectado (lo que hace que su avistamiento sea una experiencia posible de realizar en pocos lugares de Latinoamérica, entre ellos Parque Patagonia Argentina), el felino nos eludió. Pero la pregunta resuena entre el grupo: ¿estuvimos o no frente a la presencia del puma? Todos estuvimos de acuerdo con la respuesta.